La llegada de un hijo transforma la vida de la pareja en muchos aspectos, y el sexo después del parto es uno de los que más cambia y del que menos se habla. Muchas parejas llegan a consulta con la sensación de que «ya no somos los mismos», o con la duda de si lo que les está pasando es normal. En este artículo revisamos por qué se transforma el deseo tras el nacimiento, qué es esperable durante los primeros meses y cómo retomar la intimidad sin convertirla en una exigencia más de las muchas que ya trae la crianza.
Que el sexo después del parto se detenga o se vuelva más difícil no indica que la relación esté fallando. Lo que ocurre es una reorganización profunda: el cuerpo se está recuperando de un proceso físico exigente, el descanso desaparece, y ambos miembros de la pareja están estrenando una identidad nueva que convive con la de amantes.
Conviene además desmontar una idea muy extendida: que el deseo debería aparecer de forma espontánea. En el posparto es habitual que funcione de manera responsiva, es decir, que surja a partir del contacto y la calma en lugar de precederlos. Esperar a «tener ganas» antes de buscar cualquier acercamiento puede alargar la distancia durante meses.
Y no le ocurre solo a quien ha gestado. La pareja no gestante también atraviesa cambios: miedo a hacer daño, dificultad para integrar el rol de madre o padre con el de pareja sexual, o el mismo agotamiento acumulado.
Recuperación física. Los puntos de una episiotomía, un desgarro o una cesárea necesitan su tiempo. El dolor en las primeras relaciones es frecuente, pero no es algo que haya que aguantar de forma indefinida.
Cambios hormonales. Durante la lactancia la prolactina se mantiene alta y los estrógenos bajos, lo que reduce la lubricación y puede disminuir el deseo. Es fisiológico y reversible, no un problema de la relación.
Falta de sueño y fatiga acumulada. El agotamiento sostenido es uno de los factores que más se asocia con la caída del deseo, y afecta a los dos miembros de la pareja.
Cambios en la imagen corporal. Reconocerse en un cuerpo que ha cambiado, y que además está al servicio de otra persona durante buena parte del día, lleva tiempo.
Reparto desigual de los cuidados. Cuando una de las dos personas asume la mayor parte de la carga mental y física, el deseo suele ser lo primero que desaparece. Este es, en consulta, uno de los motivos más frecuentes y menos nombrados.
Miedo a un nuevo embarazo. La incertidumbre sobre la anticoncepción en esta etapa genera una tensión que interfiere directamente en el disfrute.
No existe un momento correcto para volver al sexo después del parto, ni un plazo que cumplir. Algunas pautas que ayudan:
Espera el alta de la revisión posparto. La valoración con tu matrona o ginecólogo, en torno a las seis semanas, es especialmente importante si ha habido cesárea o desgarros.
Usa lubricante. Preferiblemente de base agua. La sequedad durante la lactancia es habitual y no significa falta de deseo.
Revisa la anticoncepción. La lactancia materna no es un método fiable por sí sola, y la ovulación puede reaparecer antes de la primera menstruación.
Ve despacio y para si duele. El dolor persistente no forma parte del proceso normal de recuperación y merece valoración, habitualmente con fisioterapia de suelo pélvico o ginecología.
La mayoría de las parejas recupera su vida sexual con tiempo y comunicación. Hay señales, sin embargo, que indican que conviene buscar ayuda en lugar de esperar a que se resuelva solo:
Si te has sentido identificada o identificado con alguno de estos puntos, en Inmaculada D. Ángel te acompañamos con terapia sexual y terapia de pareja para atravesar esta etapa sin que la intimidad se quede por el camino.
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