«¿Es normal que llevemos dos años sin hablar de esto?». Es de las preguntas que más se repiten en la primera llamada, casi siempre en voz baja y casi siempre seguida de una disculpa por preguntarlo.
La comunicación sexual en pareja consiste en poder decir qué apetece, qué no y qué preocupa, con la garantía razonable de que el otro lo va a escuchar sin cobrárselo después. No hace falta hablar mucho de sexo para tenerla. Basta con que lo poco que se hable deje a los dos mejor de lo que estaban.
Es frecuente, y eso no lo convierte en algo que convenga mantener. Hay parejas que resuelven hipotecas, colegios y cuñadas con soltura y llevan seis años sin decirse en voz alta qué les gusta.
Suele empezar por una idea muy extendida, la de que el buen sexo no necesita explicarse. Con esa premisa, cualquier conversación sobre el tema se interpreta como señal de que algo va mal, así que se evita mientras se pueda. El resultado es un juego de adivinanzas en el que los dos intentan acertar sin pistas y el silencio se lee como conformidad.
También cuenta el historial. Quien alguna vez expresó un deseo y recibió una mueca, una broma o un cambio de tema aprendió que salía más barato callarse, y ese aprendizaje sigue funcionando años después con otra pareja distinta.
Porque la confianza no elimina el pudor y a veces lo aumenta. Cuanto más importa la relación, más pesa el miedo a abrir una conversación que después no se sabe cerrar, y más caro parece el error.
A eso se suma el tiempo. Al principio se habla más de sexo porque todo es información nueva y hay que orientarse. Cuando la rutina se instala, esa conversación pierde su momento natural y nadie la echa de menos hasta que algo empieza a fallar, que suele ser bastante después.
Hay un tercer factor que aparece sobre todo cuando hay hijos pequeños en casa. La conversación necesita un rato sin interrupciones y con los dos despiertos, y esa combinación escasea durante bastantes años seguidos.
En consulta es habitual que una pareja describa falta de deseo y que al reconstruir los últimos meses aparezca evitación acumulada, que es otra cosa y se trabaja de otra manera.
La diferencia se ve en el efecto, no en el contenido. Estas dos conversaciones tratan lo mismo y terminan en sitios opuestos.
En la primera, uno de los dos dice el jueves por la tarde, fuera de la cama, que le gustaría dedicar más tiempo a los preliminares y pregunta qué le apetecería probar al otro. Hay una petición concreta, un momento elegido y una puerta abierta. Los dos salen con más ganas de encontrarse.
En la segunda, la misma queja sale a la una de la mañana justo después de un encuentro que no ha funcionado, formulada como «nunca me dedicas tiempo» y con una comparación de por medio. Hay reproche, mal momento y balance de agravios. Los dos salen con menos ganas, y el tema queda marcado para la próxima vez.
La salud sexual, tal como la define la Organización Mundial de la Salud, incluye poder expresarse sin coacción.
Improvisarla suele salir mal, porque el tema llega cargado y la primera frase decide el resto. Esta plantilla ordena los cuatro momentos de una conversación difícil y se puede repasar antes, incluso a solas.
Funciona mejor avisando antes, con un «me gustaría que habláramos de algo, sin prisa, cuando te venga bien». Sorprender al otro con el tema en marcha suele activar la defensa antes que la escucha.
No funciona convertir la intimidad en una revisión semanal de lo que va mal, ni acordar «hacerlo más veces» sin tocar lo que hay debajo, porque la frecuencia sube unas semanas y vuelve a caer. Tampoco funcionan los cuestionarios de compatibilidad que circulan por internet, que en parejas ya tensas convierten en diagnóstico lo que era una conversación pendiente.
Un límite honesto. Si hay dolor durante las relaciones, una disfunción reciente o sospecha de causa médica, esto se valora antes y no se trabaja solo desde la comunicación.
Conviene pedir cita cuando lleváis meses sin poder hablarlo, cuando uno ha dejado de expresar deseos para evitar el conflicto, cuando aparece ansiedad antes de los encuentros o cuando hay un episodio pasado que sigue condicionando la intimidad.
¿Hace falta que los dos estéis de acuerdo en venir? No. Es frecuente que empiece uno y que el otro se sume más adelante. Cómo se trabaja está explicado en la página de sexóloga en Valencia, donde están el teléfono y el formulario para pedir la primera cita.
Las cookies de este sitio web se usan para elaborar información estadística y analizar sus hábitos de navegación. Eso nos permite mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias. Adicionalmente, compartimos los análisis de navegación con terceros. Al pulsar ACEPTAR, consiente el uso de estas cookies.