La ansiedad que no cede por más que uno intente controlarla suele traer siempre la misma pregunta: por qué sigue apareciendo si, en teoría, ya no hay ningún peligro real. El EMDR para la ansiedad parte justo de ahí. En lugar de trabajar solo sobre el síntoma, se centra en cómo quedaron guardadas ciertas experiencias, para que dejen de disparar una respuesta de alarma cada vez que algo las recuerda.
Sentir ansiedad de vez en cuando forma parte de vivir. El problema aparece cuando la intensidad no corresponde a la situación, cuando se mantiene durante semanas o cuando empieza a condicionar decisiones cotidianas, como evitar ciertos sitios, aplazar conversaciones o dormir mal casi todas las noches. Distinguir una cosa de la otra es el primer paso para saber qué tipo de ayuda necesitas.
Antes de un examen, una entrevista de trabajo o una decisión importante, es esperable sentir nervios, tensión o pensamientos que se repiten. Ese tipo de ansiedad suele bajar en cuanto la situación pasa.
Es distinto cuando la ansiedad aparece sin un motivo claro, cuando se activa en situaciones cotidianas que antes no generaban ningún problema, o cuando el cuerpo reacciona con taquicardia, opresión en el pecho o náuseas sin que haya un peligro real delante. Si esto ocurre de forma repetida durante varias semanas, ya no hablamos de una reacción puntual, sino de algo que merece atención.
La ansiedad rara vez tiene una única causa. Suele combinar una predisposición del sistema nervioso a activarse con más facilidad, formas de interpretar y anticipar lo que puede salir mal, y factores del entorno, como el estrés mantenido en el tiempo o cambios vitales importantes. La Organización Mundial de la Salud recoge que los trastornos de ansiedad afectan actualmente a un 4,4 % de la población mundial, una cifra que da una idea de lo extendido que está este problema.
En muchos casos, además, hay experiencias anteriores que quedaron mal digeridas emocionalmente, sin que la persona las reconozca como algo grave. No hace falta haber vivido un suceso extremo; a veces basta con una acumulación de situaciones de sobrecarga, humillación o pérdida de control que el cerebro no llegó a procesar del todo. Es precisamente ahí donde el EMDR para la ansiedad tiene más sentido, porque trabaja de forma directa con esos recuerdos mal almacenados.
Hay señales que, cuando se repiten, indican que ha llegado el momento de pedir ayuda:
Ninguna de estas señales por separado es motivo de alarma. Lo relevante es que se repitan durante varias semanas y que empiecen a limitar tu vida cotidiana.
Antes de plantearte una terapia, hay pasos que ayudan a entender mejor lo que te está pasando:
Si después de varias semanas aplicando esto la ansiedad sigue igual o va a más, es una señal clara de que conviene buscar ayuda profesional.
No toda ansiedad necesita terapia, pero hay momentos en los que pedir ayuda profesional marca una diferencia real. Tiene sentido plantearse el EMDR para la ansiedad cuando los síntomas llevan semanas sin remitir, cuando ya has probado estrategias por tu cuenta sin resultado, o cuando notas que la ansiedad está conectada con experiencias del pasado que siguen activas aunque haya pasado tiempo.
En consulta es habitual encontrarse con personas que llegan sin tener claro por qué reaccionan de forma tan intensa ante situaciones que, en teoría, no deberían generar tanto malestar. Combinar terapia cognitivo-conductual y EMDR permite trabajar tanto los síntomas actuales como aquello que los sostiene, sin necesidad de repetir una y otra vez lo ocurrido de forma verbal. Como psicóloga en Valencia con más de veinte años de experiencia, suelo adaptar esta combinación a cada historia concreta, porque no todas las ansiedades responden igual a las mismas herramientas.
El EMDR sigue un protocolo estructurado por fases. A grandes rasgos, así se desarrolla el proceso:
El número de sesiones varía según cada caso, por lo que resulta difícil dar una cifra general sin conocer tu situación.
Cuando la ansiedad se mantiene sin tratar durante mucho tiempo, el cerebro tiende a reforzar patrones de evitación, como dejar de hacer planes, reducir el contacto social o aplazar decisiones importantes. Esos patrones, con el tiempo, cuestan más de revertir que la ansiedad original.
Esto no significa que haya un plazo límite ni que sea tarde si llevas años conviviendo con ella. Significa que, cuanto antes se identifica lo que la mantiene activa, menos terreno gana la evitación y más rápido suele notarse el cambio.
Entender por qué aparece la ansiedad es un paso útil, aunque no sustituye a un proceso terapéutico cuando los síntomas ya están instalados. Si llevas tiempo notando que la ansiedad no baja por más que lo intentas por tu cuenta, puedes conocer cómo trabajo la terapia EMDR en Valencia y resolver tus dudas antes de dar el paso.
Las cookies de este sitio web se usan para elaborar información estadística y analizar sus hábitos de navegación. Eso nos permite mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias. Adicionalmente, compartimos los análisis de navegación con terceros. Al pulsar ACEPTAR, consiente el uso de estas cookies.