Hay momentos en los que el cansancio, una época de mucho trabajo, dormir mal o atravesar una situación difícil hacen que apetezca hacer menos cosas. En esos casos, descansar o reducir el ritmo puede ser suficiente para recuperar poco a poco las ganas.
La situación es diferente cuando la falta de interés se mantiene, afecta también a actividades que antes disfrutabas y empieza a interferir en aspectos cotidianos como quedar con otras personas, trabajar, estudiar o incluso realizar tareas sencillas.
Pensar ‘no tengo ganas de hacer nada’ no significa por sí solo que exista una depresión. Sin embargo, cuando esta sensación se mantiene y aparece junto a otros cambios en el ánimo, el sueño, el apetito o la concentración, conviene prestarle atención.
La depresión no se identifica únicamente por sentirse triste. La pérdida de interés o de placer en actividades que antes resultaban agradables es también uno de sus síntomas principales.
Para valorar un episodio depresivo se tiene en cuenta que los síntomas se mantengan durante al menos dos semanas, su intensidad y hasta qué punto están afectando al funcionamiento habitual de la persona. También pueden aparecer alteraciones del sueño o del apetito, cansancio, dificultades para concentrarse, sentimientos de culpa o una visión muy negativa del futuro. Una revisión clínica publicada en JAMA recoge estos criterios y las principales opciones de tratamiento de la depresión en adultos. Management of Depression in Adults: A Review – PubMed
Por eso, pasar un fin de semana sin ganas de hacer nada después de unas semanas especialmente intensas no permite hablar de depresión. Lo que resulta más relevante es que el cambio persista y afecte a diferentes áreas de la vida.
La pérdida de interés o de capacidad para disfrutar recibe el nombre de anhedonia. Es uno de los síntomas que pueden aparecer en la depresión, aunque también puede estar presente en otros problemas de salud mental y debe valorarse junto al resto de síntomas.
Puede ocurrir que sepas que una actividad solía gustarte pero te cueste mucho empezarla. También que finalmente la hagas y la disfrutes menos de lo habitual, o que directamente dejes de planteártela porque anticipas que no te va a aportar nada.
Esto ayuda a entender por qué descansar más o disponer de tiempo libre no siempre devuelve automáticamente las ganas. Cuando la falta de interés forma parte de un cuadro depresivo, el problema no consiste únicamente en estar físicamente cansado.
La falta de ganas adquiere más importancia cuando aparece junto a otros cambios y empieza a interferir en tu vida cotidiana. Algunas señales que conviene observar son:
Ninguna de estas señales permite hacer un diagnóstico por separado. Su frecuencia, intensidad, duración y la combinación entre ellas son las que ayudan a valorar qué puede estar ocurriendo.
Si aparecen pensamientos de muerte, de suicidio o de hacerte daño, es importante buscar atención cuanto antes. En España puedes llamar gratuitamente al 024, disponible las 24 horas; ante una situación de riesgo inmediato, llama directamente al 112. El Ministerio de Sanidad especifica además que el 024 no sustituye la atención sanitaria presencial cuando esta es necesaria.
Cuando falta la motivación es fácil esperar a encontrarse mejor antes de volver a hacer determinadas cosas. El problema es que reducir progresivamente las actividades también puede hacer que disminuyan las oportunidades de experimentar satisfacción, contacto social o sensación de logro.
Por eso, algunas intervenciones psicológicas para la depresión trabajan precisamente sobre la recuperación progresiva de actividades. La activación conductual, por ejemplo, busca volver a introducir acciones significativas y manejables sin esperar necesariamente a que aparezcan primero las ganas.
La evidencia disponible respalda la activación conductual como una intervención eficaz para la depresión en adultos, aunque el tratamiento siempre debe adaptarse a la situación y necesidades de cada persona. Una revisión y metaanálisis reciente reunió más de cien ensayos clínicos sobre esta intervención.
Fuente científica sobre activación conductual y depresión – PubMed
Esto no significa obligarte a hacer grandes planes. Puede ser más útil empezar por actividades pequeñas y concretas, como salir a caminar, preparar algo de comer, llamar a alguien cercano o retomar durante unos minutos una actividad que antes formaba parte de tu rutina.
Durante varios días puedes anotar algunas actividades que hayas realizado, especialmente aquellas que inicialmente te costaba empezar.
Para cada una, apunta tres cosas:
Por ejemplo, puede que antes de salir a caminar anticipes que no te apetece nada y valores la dificultad para empezar con un 8. Después puedes comprobar si esa sensación se mantuvo igual durante el paseo o cambió de alguna manera.
El objetivo no es demostrar que «si te obligas, te sentirás bien», porque eso no tiene por qué ocurrir. El registro sirve para observar qué está pasando realmente y detectar si existe diferencia entre lo que anticipas antes de una actividad y cómo la experimentas después.
También puede ser información útil para comentar con un profesional si decides consultar.
Cuando llevas tiempo sin ganas, intentar compensarlo llenando la agenda o planteando actividades exigentes puede resultar difícil de mantener. Si además esperas disfrutar de ellas igual que antes, es fácil terminar frustrado cuando eso no ocurre.
Suele ser más manejable recuperar actividad de forma gradual. Un paseo corto, tomar un café con alguien cercano o realizar una tarea concreta pueden ser puntos de partida más accesibles que organizar un día entero de actividades.
También conviene cuidar algunos aspectos básicos como mantener unos horarios razonablemente regulares de sueño y comidas, limitar el consumo de alcohol y evitar aislarte completamente. Estas medidas pueden ayudar, pero no sustituyen una valoración profesional cuando los síntomas son persistentes o están interfiriendo de forma importante en tu vida.
Puede ser un buen momento para consultar cuando la pérdida de interés o de motivación se mantiene durante varias semanas, cada vez realizas menos actividades o notas que el malestar está afectando al trabajo, los estudios, las relaciones, el descanso o el cuidado personal.
También merece una valoración si junto a la falta de ganas aparecen tristeza persistente, mucha culpa, dificultades para concentrarte, alteraciones importantes del sueño o del apetito, aislamiento o una sensación de que las cosas difícilmente van a mejorar.Una evaluación psicológica permite diferenciar si estás atravesando una época de agotamiento, una reacción a una situación concreta o existen síntomas compatibles con un cuadro depresivo, y decidir qué tipo de intervención puede resultar más adecuada.
Si te reconoces en varias de estas situaciones y sientes que la falta de ganas está condicionando tu vida, puedes consultar cómo trabajo el tratamiento psicológico para la depresión en Valencia.
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