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Ansiedad y Alimentación. 

La alimentación es uno de los factores que más influyen en nuestra salud mental. La forma en que comemos y lo que comemos puede afectar directamente a nuestro estado emocional, y en este sentido, la ansiedad es una de las afecciones más comunes relacionadas con la alimentación.

La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones de estrés, pero en algunos casos se convierte en un trastorno que puede llegar a afectar seriamente la calidad de vida de la persona que lo padece.

La alimentación es uno de los factores que pueden influir en la aparición de la ansiedad y en su intensidad, por lo que es importante prestar atención a lo que comemos si queremos evitar o reducir los síntomas.

Uno de los principales efectos de la alimentacion sobre la ansiedad que tiene con los niveles de azucar en sangre. Cuando comemos alimentos ricos en azúcares refinados, como los dulces o los refrescos, nuestro cuerpo experimenta un pico de glucosa en sangre, lo que produce una sensación de euforia y energía. Sin embargo, este efecto es temporal y pronto se convierte en una sensación de fatiga y apatía, que puede agravar los síntomas de la ansiedad. de todo esto y a través de diferentes investigaciones sobre diferentes dietas, autismo, esclerosis múltiple… la ansiedad también tiene un componente digestivo, es decir un componente Intestinal, la alteración en nuestra microbiota como consecuencia de una mala alimentación ha resultado ser un componente central en las investigaciones, ya que estas alteraciones en la química intestinal, concretamente de la microbiota,  generan alteraciones en  “el equilibrio entre glutamato y el gaba” dos neurotrasmisores fundamentales en la bioquímica del ser humano; el glutamato es un neurotransmisor que tiende a activar el sistema nervioso y este neurotransmisor, dicho de una forma simple debe estar, balanceado con el gaba que es  el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central en  mamíferos; cuando el glutamato se encuentra en demasiada concentración, crea una reactividad en los sujetos vulnerables haciendo aumentar su ansiedad y estrés al no disponer de suficiente cantidad de Gaba para contrarrestar esa hiperactividad, pudiendo desembocar en crisis de pánico/ansiedad.

Nuestra alimentación rica en azucares impacta negativamente en el microbiota alterando las reacciones químicas que se producen durante la digestión provocando un impacto negativo en la conversión del glutamato, provocando esté desbalance que favorecen comportamientos hiperactivos y nerviosos.

Por otro lado, hay alimentos que pueden ayudar a reducir la ansiedad. Uno de ellos es el chocolate negro, que contiene una sustancia llamada feniletilamina, que tiene propiedades relajantes y estimulantes del estado de ánimo. Otros alimentos que pueden ser mejorados para la ansiedad son los que contienen triptófano, un aminoácido que el cuerpo utiliza para producir serotonina, una sustancia que ayuda a regular el estado de ánimo y reducir la ansiedad. Algunos alimentos ricos en triptófano son los plátanos, las nueces, el pollo y el pescado.

La alimentación también puede afectar indirectamente a la ansiedad a través de otros factores como el peso y la imagen corporales. Las personas que tienen sobrepeso o se sienten insatisfechas con su cuerpo pueden experimentar una mayor ansiedad, lo que puede llevarlos a comer de forma compulsiva o a seguir dietas extremas que pueden agravar la situación.

En definitiva, la alimentación puede afectar de forma significativa a la ansiedad, por lo que es importante prestar atención a lo que comemos y cómo lo comemos si queremos reducir los síntomas y mejorar nuestra calidad de vida. Es recomendable seguir una dieta equilibrada y variada, evitando los alimentos procesados ​​y ricos en refinados.

En definitiva, la alimentación puede ser una herramienta muy valiosa para controlar la ansiedad, pero también puede ser un factor de riesgo sino actuamos en consecuencia.

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